
Me encanta ver como todos los cambios que vivimos, nos están llevando a una mayor personalización de los contenidos digitales para adaptarse de una manera ágil a nuestras necesidades.
Yo diría que este concepto de neuro-marketing digital hiper segmentado “one to one” que permiten las redes sociales, el big data y la inteligencia artificial, nos dirige directamente por rentabilidad y eficacia, a ir abandonando el marketing de masas.
La velocidad de estos cambios también me hace reflexionar, y tengo ahora una sensiblidad especial ante las cosas que me rodean cada día en mis escasas interacciones sociales, y pienso como muchos que todavía nos quedarán muchas cosas nuevas y cambiantes por vivir.
A pesar de estas tendencias, me gusta ver que muchos seguimos acudiendo presencialmente a las librerías de toda la vida, las pocas que van quedando, para comprar libros con alma de papel, aunque tengamos en casa los que llevan pila de litio, por el trato más personalizado y especializado que nos dan mascarilla a mascarilla (cara a cara) en la tienda física y porque claramente leer el libro de papel tiene su cosa, aún más para un regalo.
Ahora además, también en las librerías, tenemos que usar responsablemente el gel hidroalcohólico para las manos, seguir la ruta de entrada, los movimientos internos entre las estanterías centrales, guiados con señalética en el suelo y en la salida hasta la caja, manteniendo siempre las distancias de seguridad.
No me cuesta hacerlo bien y no me molesta que me lo recuerden si en algún momento me desvío, por descuido, de las normas a seguir. Como ya sabemos es por el bien de todos y tenemos que respetarlo desde el principio cada vez que entramos en un nuevo establecimiento.
Hoy, ya dentro de la librería, he buscado en el móvil a través de Google, una empresa propiedad de una corporación llamada Alphabet para los que no lo sepan, el libro que quería regalar, incluyendo el nombre de la autora y el título exacto, que tampoco recordaba bien, aunque sí recordaba cómo es ella al ser presentadora de informativos de una cadena de TV.
Con esa información ya clara y concreta, en la tienda me localizaron en su aplicativo informático el último ejemplar que quedaba en el escaparate y se ofrecieron amablemente a envolverlo personalmente para regalo en un papel kraft bicolor con un rojo mate muy elegante en una de las caras, que me gustó a primera vista sin necesidad de tener que elegir otro tipo de papel para mi regalo sorpresa.
A veces no tener que pensar es ya un verdadero lujo al que nos vamos acostumbrando, con esta transformación digital de todos, porque tomamos muchas decisiones a lo largo del día y termina cansando.
La persona que me atendía tachó con esmero y rotulador de punta fina, el precio del libro que ya venía preimpreso en la contraportada y antes de finalizar para meterlo en la bolsa también personalizada me ofreció la posibilidad de poder elegir el texto de la pegatina : ¿”Felicidades” o “Espero que te guste”?. Ante tantas opciones disponibles elegí libremente “Espero que te guste” porque el regalo no era por una fecha señalada.
Me encanta regalar un libro y poder personalizar la dedicatoria porque es un momento especial, para quien regala y para la persona que recibe el regalo, poder escribir en sus primeras páginas algo que va a quedar grabado para siempre en ese ejemplar para hacerlo único e irrepetible.
Esta vez, como excepción, no me costó mucho decidir y personalizar la dedicatoria original que escribí a puño y letra: “Espero que te guste”.
Estoy algo preocupado ¿Me estaré digitalizando demasiado o se me quitará en el próximo post? Yo espero que se me pase.
Hasta el próximo post
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