Post número 13. Semana 8

No sé si me estaré “haciendo menor” a conciencia al ir cumpliendo años y peinando ya algunas canas en esta cabeza que tengo sobre los hombros pero es muy relevante que la experiencia acumulada sea un atributo todavía muy valorado, por muchos de los importantes, incluso en este nuevo ecosistema digital en el que nos toca vivir.

Hay que tener mucho cuidado si la experiencia acumulada significa comodidad e inmovilismo porque antes, “hacerse mayor” era simplemente sinónimo de ir cumpliendo años sabiéndolo poco a poco casi todo y rellenando fichas de conocimiento y de sabiduría frente a los que empezaban su partida en el terreno profesional y personal.

Creo que hoy todos tenemos que dejar de “hacernos mayores” y e intentar “hacernos menores” para reconocer con humildad que la condición para no estar “fuera de juego” son las verdaderas ganas de seguir aprendiendo y sabiendo trasladar ese conocimiento adquirido y valioso a todo lo nuevo y a los nuevos.

No es un tema de edad, como nunca lo ha sido, sino un tema de mentalidad, que podríamos llamar en este contexto “mentaliedad”, el tener GANAS de seguir estudiando y aprendiendo y sumando a lo que ya hemos aprendido para seguir aportando valor y de paso para no ser excluidos de la partida por inadaptación y por no entender el juego.

Nadie discute el papel fundamental de las personas en todos los cambios a afrontar y emprender dentro de las organizaciones. Tampoco se cuestiona que no es lo mismo estudiar que aprender, ya que se recomiendan las dos cosas juntas y además hay que sumar la actitud para reaprender e incluir el error asumido como forma de poder generar todo ese ciclo de conocimiento y de mejora continua.

En la imagen que he utilizado para este post número 13, en 1920 en Paris, lo que llamaba la atención era que un niño polaco de 8 años, que había aprendido a jugar al ajedrez a los 4 años, pudiera jugar de forma simultánea con maestros bien canosos del ajedrez.

Ese niño “prodigio” terminó nacionalizándose en Estados Unidos (que siempre ha sabido atraer el talento y pagarlo adecuadamente) disputando y ganando partidas al propio Bobby Fisher, gran maestro del ajedrez que sí conocemos,  y siendo campeón en varios torneos mundiales.

Ahora lo que tiene que ver con este post y de lo que estamos hablando en pleno 2020, cien años después, es que la partida y la imagen de la foto se puede haber invertido y hay muchos jóvenes o nativos digitales que pueden mirar con admiración a un señor mayor, “el mayor prodigio” con más de 42 años o los que sean. Creo que hay muchos prodigios sueltos, mayores y menores, que hay que aprovechar y conjuntar.

No se trata en este caso de la transformación digital de jugar a la contra ni de perder, ganar o quedar en tablas, porque de lo que se trata es que tanto unos como otros, con la misma  “mentaliedad”, puedan jugar juntos y que todos debemos sumar en la misma partida y en las siguientes que vendrán.

Mi padre solía decir que “el gallo no se acuerda de cuando fue pollo”. Ahora podríamos añadir y mi padre estaría de acuerdo, que “el pollo no debe olvidarse de que puede llegar a ser un gallo”.

Tampoco se trata de jugar contra la computadora, a modo de Deep Blue de IBM, sino de sumar valores, en una partida que estamos jugando juntos, aunque me cuesta todavía entenderlo todo porque a diferencia del ajedrez, en este proceso de adaptación y transformación digital,  los jugadores, los movimientos permitidos, el tablero y las fichas de cada uno van cambiando todo el tiempo.

Lo que debe llamar también la atención es que la foto en color que ilustra este post tampoco pudo hacerse en 1920 porque la fotografía en color se “descubre” en 1935 con las películas Kodachrome.

Lo que permite que esta imagen en color que viene de la foto original de blanco y negro (como las propias fichas del ajedrez) se haya convertido automáticamente en segundos a color, es un programa de inteligencia artificial y deep learning , que Jason Antic, un desarrollador de San Diego ha decidido poner a disposición de todo el mundo para que cualquiera pueda usarlo de manera gratuita, ya que se ofrece en código abierto mediante licencia MIT.

Es algo impresionante que en función de los tonos de gris y entiendo que del contexto de la imagen este software pueda reproducir a todo color sin intervención del usuario una imagen original en blanco y negro con esta calidad de acabado.

Espero que evolucionemos a algo mejor y no involucionemos. Como podemos comprobar, hasta el pasado se puede ver en color. Yo sólo espero que el futuro no lo tengamos que ver en blanco y negro o simplemente negro.

Hasta el próximo post.

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