Post número 14. Semana 8.5

En pleno proceso de lo que parece será un reconfinamiento previsible me ha venido a la cabeza durante esta semana esas tres cosas que solían ser importantes y me refiero a plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro.

Si tuviéramos que nombrarlas de menor a mayor dificultad, creo que no habría mucho debate en acordar que plantar un árbol sería la más fácil de las tres, y aun así, después de los graves incendios que hemos tenido que sufrir en Canarias creo que muchos no lo hemos plantado todavía y no nos vale cualquier planta, porque siendo purista y conservacionista, tiene que ser un árbol.

He decidido hoy no hacer averiguaciones y no sé si esta lista básica, archiconocida e incumplida por la inmensa mayoría tiene su origen en un proverbio árabe, chino, dicho africano o maorí  o quizá es también una cita no original de alguien reconocido, pero la lista tiene su dificultad porque yo si he conseguido tener una hija pero tampoco he escrito todavía un libro y sólo he podido cumplir hasta este momento una de tres.

La verdad es que para conocerla todos y darla por válida, no le hemos hecho mucho caso a la famosa lista y será seguramente porque eso de trascender y cumplir haciendo cosas a tiempo no nos ocupa mucho y siempre tenemos a nuestro favor el beneficio de la procrastinación (vale buscarlo en internet si no conocemos la palabrita porque lo que significa si nos sonará más).

Esta semana, sin aire acondicionado, hace mucho calor para cualquiera de los tres propósitos vitales y hasta para pensar en la transformación digital y por todo lo que oímos vuelve a dar un poco de miedo salir de casa.

Lo de trascender querría decir en su momento que fuéramos capaces de dejar algo hecho por nosotros para el futuro y aquí tampoco deben valer las hipotecas a 30 años, las deudas, las letras o los problemas y las únicas letras que valen en este caso son las de un libro escrito por uno mismo.

Reflexionando, lo que si le vamos a dejar todos a las próximas generaciones, si no ponemos en marcha los cambios necesarios, si que está complicado por los efectos del cambio climático y la sostenibilidad de nuestro planeta y eso si que va a trascender al futuro.

Si me pongo en modo digital, y además responsable y sostenible creo que habría que al menos alargar la lista o precisar mejor incluyendo cuidar ese árbol, educar con valores a ese hijo y “escribir” al menos una app (no vale con un blog).  Con estos cambios nos valdría para volver a incumplir pero ya tendríamos una lista más actual y de responsabilidad ampliada a la sociedad como toca.

Igual que la lista inicial no hablaba sobre el tema ni el número de páginas del libro, debe valer cualquier app que digitalice cualquier cosa, aunque no la usemos nunca, porque para el libro tampoco se mencionaba el número de lectores ni el número de ejemplares.

La lista original de plantar, tener y escribir, tampoco incluía un bonus por llegar al objetivo y aquí la práctica empresarial tiene desarrollada y siempre viva toda una artillería de teorías y herramientas sobre el liderazgo, el trabajo en equipo (objetivo dos de la lista), los incentivos y la motivación que tampoco se cumplen la mayoría de las veces y de los que se ocupan cientos de libros que se publican cada año.

Algo nos debe de fallar como especie para no terminar lo que queremos empezar porque al mismo tiempo como humanos somos muy capaces también de producir todas las teorías necesarias para justificar esos incumplimientos, los retrasos y los fallos cometidos en la toma de decisiones  privadas, públicas o personales necesarias y no tenemos nada más que encender el TV para comprobarlo.

La TV es ahora en estos meses un electrodoméstico que se está quedando desfasado a paso rápido perdiendo credibilidad informativa cada día, porque casi nadie se cree lo que oye por ese medio que siempre dice lo mismo, aunque las cosas vayan cambiando a peor.

Le va ganando en credibilidad a la TV la radio de toda la vida, aunque en entorno digital, cambiando de vez en cuando de emisora de forma recomendable, y ganan claramente la partida por su mayor amplitud y diversidad, los contenidos en medios digitales sin certidumbre garantizada.

Parece que tenemos que oír lo contrario de lo contrario para terminar sabiendo algo parecido a la verdad y cómo podemos elegir libremente lo que oímos, vemos o leemos terminan habiendo muchas verdades y también muchas mentiras diferentes en el aire.

Incumpliendo tantas cosas y dudando de todo, tampoco es de extrañar que también existan, salgan a la luz y se manifiesten los que niegan la realidad. A mí me flipan en negativo los negacionistas incluso del Covid19 y de los beneficios de usar mascarilla o una vacuna (un antivirus) por una nueva release de la teoría de la conspiración.

Ya llegando al final del este post y si no logramos nada de lo que nos hayamos propuesto o nos hayan impuesto otros, siempre podemos creer irresponsablemente que el cambio climático es un invento, que los árboles no hay que cuidarlos, que los niños y las niñas aprenden sólos, que los libros no se deben escribir ni leer, que la transformación digital no es una realidad y que todas las apps emergentes tampoco sirven para nada.

Anoche, después de dejar este post sin terminar, soñé que finalmente conseguíamos superar la pandemía, que todo volvía a ser igual de imperfecto que antes y que sólo me faltaba escribir un libro y plantar un árbol.

Dan ganas de poder resetear ya, y empezar de nuevo porque las máquinas lo pueden hacer y nosotros también debemos aprender a hacerlo. Nos queda por saber si algún día los ordenadores podrán soñar.

Hasta el próximo post

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