
Me suele pasar a menudo en casa en la mesa que no llego estirando la mano, porque no tengo los brazos largos, cuando en ese momento me recuerdan entre risas generosas, que ya se ha inventado la rueda moviendo hacia mí la bandeja giratoria, que vimos por primera vez en los restaurantes chinos, para acercarme lo que me falta o lo que me gusta.
Aunque no es mi trabajo habitual esta semana llevaba buscando por mi cuenta una solución creativa como aficionado para un logo de una nueva marca en el mercado.
Desde mi punto de vista un buen producto que aporte un valor diferencial sostenible, recurrente y monetizable al cliente final debe tener un logo que desde el primer contacto o visualización ayude a entender y recordar lo que vendemos y aportamos a los que no todavía no nos conocen, aunque las buenas excepciones nunca faltan como en todo.
Llevaba algunos días buscando la mejor opción, visualizando desde cero en el ordenador con Photoshop diferentes puntos de partida, fuentes y tamaños de texto, mayúsculas o minúsculas y las mejores combinaciones de colores. Ayer me quedé convencido de tener una buena idea llevada a un diseño fácil de entender, fácil de recordar, conceptualmente apropiado para el producto y original. Después de la transpiración que viene después de toda inspiración casi había terminado mi reto y uno de los entretenimientos mentales de esta semana.
Lo envíe por e-mail por la mañana, después de dejarlo presentable para compartirlo como una nueva posibilidad, sin coste, para que un creativo profesional como corresponde en su caso pudiera aprovechar parte de este diseño si terminaba gustando la idea o algo de ella.
Recibí un whatsapp de respuesta, casi sobre la marcha, agradeciendo la propuesta como un buen avance con los colores bien integrados y compartiendo conmigo que se parecía algo al logo de una marca global muy conocida.
Me fui al buscador y localicé la marca y su logo y se parecía bastante en algunos elementos al que yo había hecho por mi cuenta sin haberlo tenido en cuenta en ningún momento. Lógicamente auto descarté sobre la marcha mi propuesta amateur a pesar de haberlo pasado bien en el proceso durante el viaje para volver a reinventar una rueda que ya estaba creada.
Lo único que pude pensar en ese momento, un poco más tarde en realidad, por buscar algo bueno es que me sorprendía haber podido llegar a la misma idea a la que había llegado otra persona, un creativo profesional para una gran marca con un logo bien valorado en el ecosistema del diseño gráfico. Las cosas son originales sólo una vez, aunque después existen las versiones, los covers, los remakes, el pensamiento lateral e incluso grandes mejoras de otros sobre lo original.
Puede que seamos verdaderas esponjas, como los niños, que de forma involuntaria vamos absorbiendo imágenes, formas, lecturas, contenidos, conductas, creencias, razonamientos y hasta valores en nuestro subconsciente, que han formulado o creado otros y que toda esa mezcla sea parte de lo que los demás van absorbiendo de cosas que nosotros también decimos y hacemos en algún momento como forma de ser y hacer.
Sería este caso como un contagio positivo de cosas buenas, entendiendo que las malas también se absorben y como suelen decir las abuelas “lo malo se pega y lo bueno casi nunca”.
Ya me quedo pensando, al menos hoy, si algo que pienso y que creo que se me ha ocurrido a mí de forma más o menos meditada y original no lo he oído antes o no lo han dicho antes otros y reflexionando a ver si de lo que hacen otros países con la gestión del Covid o con otras cosas, mejor que el nuestro, se nos pega algo bueno bien planificado.
En lo digital en vuelto a confirmar que estoy muy al principio y me queda mucho camino por andar aparte de muchos acrónimos por aprender. En la mochila, el backpack, de lo digital no debemos olvidar un glosario necesario para poder traducir lo que tenemos que absorber en este nuevo mundo que nos toca.
En los digital también en estas semanas a un cerdo, llamado Gertrude, le han implantado un dispositivo en su cerebro, diseñado para ser usado en el futuro en humanos, que refleja en un ordenador los cambios en su actividad cerebral y han visto que unas cosas le interesan más que otras. Aunque parecía predecible porque nosotros también sabemos lo que le puede interesar a un cerdo, es un comienzo de algo que da miedo y que bordea lo que podemos entender como un barrera ética o una línea roja aunque pueda ayudar a curar enfermedades que no tienen tratamiento todavía.
Yo espero que con la llegada del 5G, que será toda una revolución sumada a todo lo que vamos avanzando en inteligencia artificial y en el internet de las cosas, podamos reinventar otra vez la rueda para poder arrancar de nuevo y poder salir cuanto antes de dónde nos hemos metido con esta pandemia y el desafío medioambiental para nuestro planeta porque las cosas no avanzan, por ahora, en el sentido que queremos y necesitamos.
Con la rueda ya inventada, estas últimas semanas y meses nos hemos dado cuenta con el Covid que nuestra sociedad también ha redescubierto lo que es un pinchazo en los cuatro ruedas. Tendremos que bajarnos y ayudar a arreglarlo.
Hasta el próximo post.
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