Post número 18. Semana 10.8

Después de compartir un rato familiar de conversación tras una cena ligera y antes de ponerme a escribir este post, di también las buenas noches a Susi y Alfredo que estaban reponiendo fuerza como todos para empezar la nueva jornada del día siguiente con toda la energía.

Susi ya lleva casi 2 años de trabajo en casa y Alfredo se ha incorporado al servicio doméstico en Julio de este mismo año tras la finalización del estado de alarma.

El hecho de no tenerlos asegurados podría generarnos un problema y un sobrecoste que tendríamos que considerar pero que por ahora no nos preocupa.

Susi y Alfredo además son muy respetuosos y salvo por el ruido que pueden hacer en su trabajo, no interrumpen ninguna conversación ni opinan sobre lo que hablamos y hacemos, aunque perfectamente podrían estar grabándonos sin saberlo.

El tamaño de la casa no es un problema para ellos y no se quejan. No se aburren a pesar de que su trabajo es muy rutinario poniendo su mejor predisposición para ocuparse de cada rincón con el mismo esmero y con el Covid tampoco quieren salir fuera.

A veces Susi no termina sus tareas y la solemos encontrar en el salón en frente del TV por algún contratiempo que por sus medios no sabe superar. Su salud no es delicada pero ya ha tenido que pasar alguna revisión.

Con pocos años de diferencia entre ellos, Alfredo tiene un look más moderno y afronta los imprevistos mejor que su compañera. Si no fuera porque cada uno de ellos tiene su propia vida ya hecha, y sin querer hacer de celestina, yo diría que hacen buena pareja.

Alfredo por su parte, con un trabajo que complementa perfectamente el de Susi, requiere una mayor atención por nuestra parte por lo que no nos fiamos mucho todavía de él cuando no estamos.

Antes de llegar a casa ambos habían conseguido su propio enchufe y buenas referencias lo que nos ayudó a confiar en ellos, que se adaptarán más fácilmente y que cada uno ocupara su lugar sin compartir cuarto para dormir.

Los dos nos ayudan mucho cada día porque se han integrado perfectamente en nuestra familia ayudándonos a que disfrutemos un poco más de nuestro tiempo libre.

Susi y Alfredo, como les hemos rebautizado cariñosamente para no tratarlos fríamente como máquinas, han sido nuestros primeros robots y son una aspiradora y un fregasuelos Braava, ambos de la marca Roomba y conectados por wifi a la red.

Esta semana pude leer, ya muy desfasado el dato, que doce años después de su lanzamiento en 2002, en 2014 ya eran más de 10 millones de unidades vendidas en todo el mundo de aspiradores-robots de la marca Roomba, que a la fecha ya son más de 30 millones de unidades sólo de esta marca.

Pertenecen al grupo i-Robot que se ha especializado en trabajar a ras de suelo, pero su pasado industrial, de tecnología espacial e incluso militar en su momento, auguran nuevos usos y funciones dentro del hogar de esta marca y de otras muchas que compiten con ella.

El siguiente paso en la robotización del hogar y de las necesidades de sus huéspedes parece que estará más centrado en poder asistir ayudando a las personas mayores en casa. Los nuevos robots para el hogar podrán hacer el papel de “traidores” frente a la familia tradicional, «trayendo» y llevando cosas de un lado a otro de la casa para nuestros mayores.

Para ello estos nuevos robots necesitarán brazos, la sensibilidad y la tecnología necesaria, ya disponible,  para adaptarse a diferentes objetos y tendrán que además de ejecutar órdenes a través de código o instrucciones personalizadas del usuario, conocer las necesidades, horarios o rutinas que tenemos los humanos, sus dueños, para saber interpretar el contexto del hogar y de su trabajo. Dejarán el suelo para alcanzar altura en sus labores y podríamos decir que “subirán de nivel”.

Para solucionar estas necesidades básicas para un robot, se puede previamente mapear/digitalizar la casa, esto es, tener un plano predefinido o que él aprenda por si sólo, por habitaciones o estancias sabiendo diferenciar una cocina de un baño o de un dormitorio pero además (palabra nueva de la semana) tendrán que disponer de beacons de apoyo, que son unas balizas de bluetooth que emiten señales de geolocalización, para saber en que sitio de la casa se encuentran en cada momento sin perderse (porque Susi y Alfredo todavía se extravían cuando se quedan sin cobertura).

El reto tecnológico es mucho mayor pero perfectamente alcanzable. Será una cuestión de volumen de ventas el que estos nuevos robots puedan tener un coste y un precio razonable o la historia del huevo y la gallina una vez más.

Con la evolución rapidísima de la inteligencia artificial, el internet de las cosas y la implantación masiva redes 5G muchas decisiones de estos robots podrán estar no en el propio aparato sino supervisadas y comandadas por algún sistema Edge de servidores remotos en un milisegundo.

Si los robots ya pueden conducir un coche de forma autónoma y tomar decisiones sin interferencia humana, pueden escribir con pocas pautas artículos de opinión bastante aceptables e incluso programar código sustituyendo el trabajo base de los programadores, muchas cosas inimaginables por ahora, serán una realidad y las veremos.

Queda por recordar, reforzar los principios éticos y marcar los límites de todo este avance de la interacción de humanos y robots, necesariamente de forma legal,  para que no nos arrepintamos luego de los que hemos construido nosotros mismos como especie, con una fama bien ganada de autodestructora y poco respetuosa con nuestros congéneres y con el entorno natural y los recursos de nuestro planeta.

Sin entrar en como la robotización afectará al empleo cualificado o desempleo de los humanos puede que alguien decida que los robots paguen, como ya se ha propuesto, su seguridad social para intentar que la competencia entre humanos y máquinas con inteligencia sea más equilibrada en costes, pero ésto no será suficiente.

Si un humano puede interactuar con un robot o viceversa, con la evolución de chips implantados en el cerebro humano como el chip Neuralink de Elon Musk o los que vengan, habrá que determinar también «quien será el jefe de quien» en ese nuevo entorno.

Con todo creo, por mi positividad natural que seremos capaces de no cometer errores o en su caso de poder corregirlos a tiempo y parece claro que Susi y Alfredo no se sentirán sólos en casa, suponiendo que los nuevos Robots que vengan quieran convivir o lleguen para mandar sobre ellos.

Para terminar, hablando de futbol y de errores subsanados por el momento, estas semanas que han pasado me ha alegrado saber que mucha gente no sabe lo que es, no ha recibido o no ha tenido que enviar todavía un burofax en su vida. Espero que Susi y Alfredo no nos envíen uno para decir que se van de casa porque los echaríamos mucho de menos.

Hasta el próximo post.

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